En la sociedad actual, al ser compleja, todo esta relacionado. La política y la economía no quedan exentas de esto. En la antigüedad, no estaban plenamente entrelazadas entre si. Para Platón, “la economía opera sobre la base de la necesidad y el acuerdo mientras que la política debería operar sobre la base de la justicia y el derecho”[1]. Ese era el verdadero sentido de la política, que estaba profundamente comprometida con el bienestar del pueblo en su totalidad. En cambio, en los tiempos modernos, eso se desvirtuó. Dando lugar a una política que actúa en base a intereses económicos beneficiando a los poseedores de la información que fomenta el crecimiento económico, formando sociedades red que son una elite y marginando a las clases menos pudientes e informadas. Un obrero se limita a trabajar para sobrevivir, no le queda espacio mental para imaginar una forma diferente de vida colectiva. Nuestra política es democrática, es decir, que es un gobierno para todos; pero no se cumple, ya que los trabajadores se limitan a votar a quien piensan que menos los va a perjudicar y mas beneficio inmediato les va a dar. No tienen un conocimiento real de las propuestas de los candidatos. La política de hoy en día utiliza los ideales de la economía para promocionarse. La economía es un sistema de marcas que trata que un producto básico parezca distinto de los demás para crear falsas necesidades. La principal preocupación es como hacer rentable una mínima diferencia, por ejemplo, en el mercado de la moda, las mujeres siguen ciegamente las tendencias que las obligan a comprar cosas innecesarias. El consumidor manifiesta la pasión del consumo y se desencanta rápidamente al poseer el objeto deseado, obligado a consumir nuevamente. En la economía se trata de disimular la homogeneidad. Lo mismo pasa en la política. En la actualidad, las grandes pasiones políticas desaparecieron, casi ningún político sigue sus ideales ni respeta su partido, “se venden al mejor postor”, cambian de partido en base a intereses personales sin importar la contradicción de su “dogma”. En la verdadera democracia predominaban las discusiones “cara a cara”, los debates, había “más deliberación que empaquetado”. Hoy en día, se usan las trampas de seducción de la publicidad para colocar en el mercado las personalidades e ideas de los políticos. La política es cada vez más teatral; el ciudadano se aleja de la política progresista para proteger lo que ya tiene, y se torna cada vez más pasivo. Vota al que mas le promete sin buscar un verdadero cambio. Actualmente, la ansiedad de las personas los lleva a un pensamiento a corto plazo en donde rige la inmediatez. Una buena organización política progresista es aquella en que todos los ciudadanos se sienten unidos en un proyecto común. Es evidente que en nuestros días la organización política es otra. Lo vemos claramente en la crisis del gobierno con el campo. Es un conflicto político que está notablemente economizado. Mucha gente comenzó a defender al campo al ver que su bolsillo se perjudicaba. Además, usaron este conflicto para manifestar su descontento con el gobierno actual. “Las retenciones y el precio de la carne son los principales ejes de un conflicto que, de seguir, podría dejar desabastecidas a las carnicerías.”
[2] “Esta nueva política crea “nuevos políticos” que realmente no lo son o no están preparados para llenar las expectativas que proyectan en ellos. Respecto a De Angeli, el personaje, se le esta yendo de las manos. Porque la presión de la gente que lo rodea lo esta llevando a un lugar que él no quería alcanzar y no puede negociar con ellos acerca del perfil que quisiera tener en éste escenario. Habrán notado como titubea y relativiza sus propios conceptos, ahora. Siente que no puede negociar su propia posición a causa de la expectativa que se creó en torno de él. Perdió la gobernabilidad de sus propias ideas. Ya es un instrumento…”
[3] En conclusión, el ejemplo del campo enfatiza lo expuesto a lo largo del ensayo, saca a la luz que la incursión de la economía en la política cega a los ciudadanos convirtiéndolos en seres pasivos que luchan en masa sin preguntarse por sus verdaderos intereses. Sucede lo mismo en la moda que impone tendencias, la gente consume para pertenecer sin importar si esa prenda les favorece o no, sucede lo mismo con la política, la gente se mueve en masa por el solo hecho de pertenecer. Asimismo, cabe aclarar que la política y la economía están fusionadas; no es como en la antigüedad que eran dos cosas separadas. [1] Richard Senté; La cultura del nuevo capitalismo; “Política de Consumo”. [2] Clarín; 14/3/08; sección “opinión”. http://www.clarin.com/diario/2008/03/14/opinion/o-02901.htm [3]12/05/08;http://.clarin.com/apariencias/archives/2008/05/el_volcan_las_cenizas_y_la_crisis_del_campo.html