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1. Capitalismo


Paula Sibilia - Tecnologia InformaticaMutaciones: la crisis del capitalismo industrial En las últimas décadas se desencadenó un proceso vertiginoso que ha llegado hasta nuestros días: la transición de un régimen industrial hacia un nuevo tipo de capitalismo, globalizado y post-industrial. La creciente automatización de las industrias devaluó la fuerza de trabajo obrera, la globalización de los mercados provoca profundos cambios geopolíticos y se debilita el protagonismo absoluto de los Estados Nacionales. El capital financiero se yuxtapone al productivo y activa la circulación de sus flujos alrededor del planeta, en una tendencia generalizada de abstracción y virtualización de los valores. El largo proceso histórico que tiende a la virtualización del dinero parece desembocar de manera triunfante en Internet. Se busca una moneda digital, el dinero es ahora información digital, circulando continuamente por el ciberespacio. Pero el dinero no es lo único que se está volviendo obsoleto en su formato material, hasta el mismo concepto de propiedad parece afectado de algún modo. Está ganando fuerza una noción bastante más volátil y flexible: el acceso. Lo que cuenta cada vez más no es tanto la posesión de los bienes en el sentido tradicional, sino la capacidad de acceder a su utilización como servicios. En este contexto, la tecnología adquiere una importancia fundamental, pasando de las viejas leyes mecánicas y analógicas a los nuevos órdenes informáticos y digitales. La lógica de funcionamiento vinculada a los nuevos dispositivos de poder es total y constante, opera con velocidad y en corto plazo. Su impulsividad ignora todas las fronteras: atraviesa espacios y tiempos. Por eso, la nueva configuración social aparece como totalitaria en un sentido: nada, nunca, parece quedar fuera de control. Así, se esboza el surgimiento de un nuevo régimen de poder y saber, asociado al capitalismo de cuño post-industrial.
Del productor disciplinado al consumidor controlado Las sociedades industriales desarrollaron toda una serie de dispositivos destinados a modelar los cuerpos y las subjetividades de sus ciudadanos. Entre estos dispositivos cabe destacar la arquitectura panóptica (que trataba de interiorizar la vigilancia), la técnica de la confesión y la reglamentación del tiempo de todos los hombres. Esos mecanismos promovieron una autovigilancia generalizada, cuyo objetivo era que los individuos se adecuaran a las normas. Se trata de tecnologías de biopoder, es decir, de un poder que apunta directamente a la vida, administrándola y modelándola para adecuarla a la normalidad. Los dispositivos de biopoder de la sociedad industrial apuntaban a la construcción de cuerpos dóciles y útiles. De esa forma, las sociedades industriales dieron luz a cuerpos sumisos pero productivos. Sin embargo, la capacidad de ofrecer resistencia está siempre presente y es fundamental en todos los procesos, es inherente a las relaciones de poder. Para construir socialmente al productor disciplinado hubo, aparte de aplicar tecnologías de biopoder, que aprisionarlo en un determinado régimen de poder y someterlo a un conjunto de reglas y normas. Pero el contexto actual difiere bastante de aquel escenario de la sociedad moderna en su apogeo industrial. Por eso, cabe suponer que están emergiendo nuevos modos de subjetivación.: los modos de ser constituyen mercaderías muy especiales, que son adquiridas y de inmediato descartadas por los diversos targets a los cuales se dirigen, alimentando una espiral de consumo en aceleración constante. Se trata de modelos subjetivos efímeros y descartables, vinculados a las caprichosas propuestas y los volátiles intereses del mercado. La lógica del funcionamiento del régimen disciplinario opera con moldes y busca la adecuación a las normas, porque es al mismo tiempo masificante e individualizante. En un bloque único y homogéneo se modelan los cuerpos y las subjetividades de cada individuo en particular. En cambio, en la sociedad de control o contemporánea, tanto la noción de masa como la de individuo pierden preeminencia. Emerge la figura del consumidor, que forma parte de targets. Los modos de identificación de las personas ilustran la transición del mundo analógico al universo digital: los sujetos se definen menos en función del Estado nacional y más en virtud de sus relaciones con las corporaciones del mercado global. Hay una transición del productor disciplinado (el sujeto de las fábricas) hacia el consumidor controlado (el sujeto de las empresas). Las modalidades de trabajo también cambian, en tiempo y espacio: se abandonan los horarios fijos y surge la flexibilidad. Se desdibujan los límites entre los espacios de trabajo y los lugares de ocio. Uno debe estar constantemente disponible.


3. Ser humano


La digitalización de la vida

Paula Sibilia - Tecnologia InformaticaAcompañando las transformaciones de las últimas décadas, los medios, las ciencias y las artes están engendrando un nuevo personaje: el hombre postorgánico. Durante muchos años reinó una distinción radical entre lo natural y lo artificial. Por un lado, el ser que es principio de su propio movimiento; y por otro, las operaciones humanas para utilizar, imitar y ampliar el alcance de lo natural. Dos mundo casi antagónicos. Ahora, sin embargo, la frontera que los separaba se está disipando y son innumerables las repercusiones de esto en la cotidianidad.

Mitos de la tecnociencia. Ascenso y caída del hombre-máquina

René Descartes planteó el dualismo entre cuerpo y mente. Definió al hombre como una mezcla de dos sustancias completamente diferentes y separadas: por un lado, el cuerpo-máquina, un objeto como cualquier otro que podía examinarse por el método científico, y por otro lado, la mente humana, un alma pensante cuyos orígenes sólo podían ser divinos. Ambas interactuaban de algún modo, aunque para Descartes era imposible explicar cómo ocurría. Para examinar cada órgano del cuerpo y especificar sus funciones, aparecieron en esta época los primeros anatomistas. En un mundo completamente mecánico, en el que la materia inerte respondía a un conjunto de explicaciones rigurosas, lo vivo constituía una excepción inquietante e inexplicable. El cuerpo muerto, sin embargo, se volvía cognoscible: sus estructuras mecánicas se hacían explicables. Pero si la intención es alcanzar realmente la vida hay que conservar otra cosa, no basta con los órganos objetivados por las herramientas y los saberes de la ciencia anatómica. Las técnicas digitales se encargarán de perseguir esa inmortalidad de cuño fáustico. En la Edad Moderna, el médico Julien Offray de La Mettrie estipuló abiertamente que el hombre era una máquina.

Paula Sibilia - Tecnologia InformaticaDe las dos sustancias identificadas por Descartes eligió una sola: la materia que conforma el cuerpo humano, y descartó la mente. No había ninguna prueba de la existencia de una “sustancia espiritual” capaz de diferenciar a los hombres de los animales. Para La Mettrie el cuerpo del hombre consistía de un conjunto de resortes, palancas y engranajes regidos por leyes puramente mecánicas, mientras que aquella entidad conocida como “alma” no pasaba de un principio también material, localizado en el cerebro y encargado de dar movimiento al organismo y permitir el pensamiento, una mera función de la materia organizada. Ya en el siglo XXI el panorama cambia: tanto el hombre como la vida claman por nuevos fundamentos. El destino de los seres humanos como perfiles de información parece haber cambiado el locus humanis: está cifrado en sus genes o en sus circuitos cerebrales.

Mitos de la tecnociencia II: el código de la vida

Paula Sibilia - Tecnologia InformaticaEn 1953 se descubrió la estructura de la molécula de ADN, nada menos que el texto bioquímico que codifica las especificaciones para la génesis de cada individuo. Se trataba simplemente de información y los científicos comprendieron cómo esa información genética se almacenaba en los tejidos orgánicos y cómo se transfería de una generación a otra. Estaríamos, entonces, ante un brusco cambio de paradigma tecnocientífico: la naturaleza ya no se descompone y recrea según el régimen mecánico-geométrico sino de acuerdo con el modelo informático-molecular.

Tendencias neognósticas: el materialismo se disuelve en la luz

El ADN es un código, pura información. Las instrucciones contenidas en los genomas de las distintas especies se están descifrando en laboratorios y esa información se obtiene de manera digital. En los laboratorios los materiales genéticos se fusionan con los dispositivos informáticos. Ya no solo se representan “las cosas de la mente” sino también “las cosas del cuerpo” que entraron en este proceso de digitalización universal. Por otro lado, las tendencias virtualizantes de la teleinformática parecen apoyarse en bases igualmente etéreas. Privilegian el polo inmaterial, potenciando la mente y descartando el cuerpo como un mero obstáculo demasiado material. Parece que la carne molesta en los mundos volátiles del software, la inteligencia artificial y las comunicaciones vía internet. Con su tendencia orgánica, sin embargo, el cuerpo no deja de resistirse a la digitalización, se niega a someterse por completo a las tecnologías de la virtualidad. ¿Cómo se articulan estas dos tendencias?Basta recordar que esta última vertiente de la tecnociencia no se dirige a las materias sino a las energías, porque la misma materia se considera una función de la energía. La materia deja de ocupar un lugar en el espacio y pasa a estudiarse como una forma de energía. Esa energía inmaterial suele adquirir el rostro de la información. La información perdió su cuerpo. En el siglo XVII Descartes notó que el flujo de las ideas, sensaciones, deseos y reflexiones que emanaban del alma no parecía ocupar ningún espacio. De modo que la esencia del hombre era puramente inmaterial. Esto resurge en las redes informáticas. La vieja oposición cuerpo-alma correspondería al par hardware-software. Y también en este caso la balanza se inclina por el software.
El espíritu en la carne: la persistencia de lo orgánico Las nuevas variantes de la metafísica tradicional no hacen más que reafirmar el viejo dualismo y privilegiar su polo inmaterial (software-código) a la vez que castigan el polo material (hardware-orgánico). El cuerpo se descarta por ser imperfecto, limitado. El problema es que la informática nació dualista e idealista. La inteligencia pasó a equivaler a la capacidad de manejar símbolos formales, dispensando toda dependencia con relación al cuerpo orgánico. Pero la informática y el ser humano no son iguales porque los hombres no operan solamente con códigos binarios sino que involucran intuiciones, emociones. Descartes ya había admitido que el hombre no puede reducirse a una mente inmaterial acoplada a un cuerpo mecánico sino que se trata de una criatura incorporada. Las actividades más complejas de la mente humana, que exceden los cálculos matemáticos y las cuestiones motrices, son las más difíciles de entender y emular digitalmente. La lógica de la mente, el pensar y el sentir son todavía un enigma para la tecnociencia.
Paula Sibilia - Tecnologia Informatica


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maferarenas Comentarios 0 Jun 21 2007, 11:56 AM EDT by maferarenas
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Leo que han agregado las palabras clave.
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monteraps Texto demasiado largo 0 Jun 19 2007, 3:07 PM EDT by monteraps
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Hola: el contenido parece estar bien pero la extensión del texto es excesiva. Sería oportuno que distribuyan el contenido en varias páginas y que hagan una sola página de entrada. Esta pordría llamarse Conceptos Claves Paula Sibilia.

saludos
Roberto
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