(Teoria y Aplicación) Yochai Benkler. " La economía política del procomún"This is a featured page

El procomún son espacios institucionales en los que podemos practicar un tipo particular de libertad: libertad respecto a las restricciones que aceptamos normalmente como precondiciones necesarias para el funcionamiento de los mercados.
Los mercados libre son espacios que permiten relaciones estructuradas que tienen la intención de resaltar un dato particular: la buena voluntad comparativa y la habilidad de los agentes para pagar dinero a cambio de recursos. Sus restricciones más importantes son las de propiedad (que es un conjunto de reglas de fondo que determinan nuestros recursos cuando nos relacionamos con otros).
El procomún son espacios institucionales en los que los agentes humanos pueden actuar libres de las restricciones específicas requeridas por los mercados, lo que no significa que sea un espacio anárquico. La acción libre pura es ilusoria. Significa que los individuos y los grupos pueden usar recursos gobernados por tipos de restricciones diferentes de las impuestas por el derecho de propiedad. Estas restricciones pueden ser sociales, físicas o normativas. Entonces, que el procomún potencie o dañe la libertad depende de cómo esté estructurado y de cómo se hayan estructurado los derechos de propiedad del recurso en la ausencia del mismo.

¿Qué es, al fin y al cabo, el procomún? Es un tipo particular de ordenación institucional para gobernar el uso y la disposición de los recursos. Su característica prominente es que ninguna persona individual tiene el control exclusivo sobre el uso y la disposición de cualquier recurso particular. Los recursos gobernados por procomún pueden ser usados por cualquiera que forme parte de un cierto número de personas, bajo unas reglas que pueden abarcar desde el “vale todo a reglas formales finamente articuladas y cuyo respeto se impone con efectividad.

El procomún puede dividirse en cuatro tipos basándose en dos parámetros:
1- si está abierto a cualquiera o solamente a un grupo definido.
2- Si es regulado o desregulado.

¿Es sostenible? Cualquier tipo de procomún es trágico y los derechos de propiedad son una condición previa necesaria para una gestión de recursos eficiente, o incluso sostenible. Los regímenes de propiedad común son sostenibles y posiblemente bastante más eficientes que los regímenes de propiedad individual.

El procomún necesita de una total libertad para poder seguir creciendo, un factor importante para cumplir con esta libertad es la democracia. Hay dos factores que complican la llegada a la libertad y la democracia: el poder político desproporcionado en la propiedad de los medios de comunicación y la aparición de tendencias en el discurso público. Obviamente el procomún se abre camino a pesar de esto, tales ejemplos son los de las redes p2p (cliente a cliente) o el software de código abierto.

En la red hay 2 grandes capas que facilitan y a su vez restringen la idea de libertad, productividad y crecimiento. La capa física ayuda a que se establezca una comunicación entre las personas y la capa lógica se encarga de controlar el uso de esta comunicación. La idea de una infraestructura básica común es la solución a estos problemas. La base de esta idea consiste en que haya aunque sea una mínima capa abierta física, lógica y de contenido. Todas estas respetando ciertos “contratos” que no perjudiquen a ninguno de los colaboradores.
La construcción de una infraestructura común es necesaria para que todos podamos caminar sin barreras la libertad de una igualdad social y, también, funciona como herramienta para que cualquier individuo tenga la posibilidad de convertirse en un participante activo en el discurso político, social y cultural.



(APLICACIÓN)

“La economía política del procomún ”, Yochai Benkler

El autor nos propone un modelo de espacios institucionales en los que podemos practicar un tipo particular de libertad respecto a las restricciones que aceptamos normalmente. Por esto, el sustantivo de procomún es fundamental en su teoría, derivado de “pro” (provecho) y “común”, que significa utilidad pública. En el artículo seleccionado se destaca que el aire que respiramos pertenece al Estado. Aquí se plantea una paradoja ya que en este escrito, Díaz Villanueva sostiene que el Estado nunca hemos sido todos sino unos cuántos, que por la fuerza se han atribuido nuestra representación y viven de ello. Sin embargo nos preguntamos: Si el espacio en cuestión (aire) pertenece a todos, ¿cómo puede ser que estemos restringidos al uso del mismo? Según Yochai Benkler, la característica prominente de “procomún”, que lo define en contraposición a la propiedad es que ninguna persona tiene un control exclusivo sobre el uso y la disposición de cualquier recurso particular correspondiente al primer parámetro del procomún abierto. El Estado argumenta que el aire es limitado y que precisamente por eso, hay que regularlo, racionar su uso, tienen que ser ellos quienes lo hagan. Por el bien común. Esta actitud no se corresponde con la propuesta de Yochai: “(...) lo que está regulado por reglas son los regímenes de propiedad en procomún limitado y no los de acceso abierto, donde cualquiera puede usar los recursos a voluntad y sin pagar.” Díaz Villanueva cita el caso de Europa donde si uno pretende abrir una cadena de televisión o de radio precisa de una autorización gubernamental, una licencia que le permita iniciar las emisiones o, al menos, hacerlo legalmente. Y agrega que el Estado, no contento con prescribir arbitrariamente quien puede o no emitir, se arroga el derecho de dictar los contenidos radiofónicos o televisivos de los concesionarios y cambio garantiza una competencia controlada en la que nadie se entromete, si alguien osa hacerlo multa y a la cárcel. En el texto sobre los campos comunales, se habla de “mercados libres” como tipo de relaciones estructuradas que tienen la intención de resaltar la buena voluntad comparativa y los agentes para pagar dinero a cambio de recursos, es decir, el segundo parámetro de procomún: el limitado. Con respecto a este último concepto, la propiedad es un conjunto de reglas que determina:
  • qué recursos tiene cada uno de nosotros cuando establecemos relaciones con otros,
  • qué nos permite hacer la “posesión”o la “carencia” de un recurso en relación con los recursos implicados en la relación.
Establecemos una relación también con el “efecto Berlusconi”: el poder político desproporcionado que la propiedad de los medios de comunicación da a sus dueños o a los que pueden pagarlo. En la capa de contenidos la propiedad intelectual y los medios de negocio que dependen del estrecho control sobre la información y la cultura existente amenazan con proporcionar a sus usuarios con la habilidad de controlar quién decide decir qué a quién con los signos culturales clave de nuestro tiempo. Para concluir podemos decir que el procomún si bien, como dijimos antes, son espacios institucionales en los que los agentes humanos pueden actuar libres de las restricciones específicas requeridas por los mercados, no significa que éste sea un espacio anárquico. La acción libre es pura ilusoria.
Link del artículo seleccionado : http://www.juandemariana.org/comentario/1097/aire/dueno


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